Desde la comedia digital hasta la televisión, pasando por campañas y cine, Salvador Suárez ha desarrollado una mirada que no se define por el formato, sino por la búsqueda: personajes reconocibles, emociones que no se fuerzan y procesos que se construyen desde la colaboración. En esta conversación, el director desmenuza el origen, las decisiones y las dudas detrás de una obra que, más que responder preguntas sobre el amor, se atreve a habitarlas.
Foto: iEve González | Styling: Karla León | Grooming: Karim A. Melgarejo | Producción: Roger SH
Dan Ureña – Eres parte creativa de algo que se ha vuelto un hito en el teatro contemporáneo en México, que es Siete veces adiós. ¿En qué momento te diste cuenta de que ya no era una obra más, sino que se había vuelto un fenómeno?
Salvador Suárez – Es curioso porque hay veces que todavía como que no me doy cuenta y sigo sin dar por hecho que este proyecto va a seguir y seguir. Cada fin de semana para nosotros es una sorpresa y sí nos preguntamos mucho: “¿Y ahora quién vendrá? ¿Qué pareja?” Y termina llegando alguien que nos vuelve a sorprender y le vuelve a dar una vida a la obra. Diría que vivimos en un darnos cuenta de que nuestra historia conecta con la gente constante, y para nosotros eso es una cosa muy hermosa y por la cual estamos muy agradecidos.

Dan Ureña – Mencionaste algo muy importante: conectar con el público. ¿Por qué crees que la obra conecta tan íntimamente con la audiencia?
Salvador Suárez – Porque es una obra que hicimos desde el corazón, sin pretender nada. Solamente nos juntamos entre amigos y escribimos esto de la manera más honesta posible, lo cual creo que ayudó mucho, así como el tiempo que nos dimos para levantar el proyecto. No fue una cosa que hiciéramos de un día para otro, de aventurarnos y sacarla el siguiente mes a la de ya. Todo se dio con calma, respirando, haciendo un primer taller, luego un segundo y así seguimos hasta que pasaron tres años y medio.
Dan Ureña – Y en ese proceso de maduración de la idea, ¿cuál crees que fue la decisión creativa que terminó definiendo Siete veces adiós?
Salvador Suárez – Alan Estrada es la cabeza de este barco y es alguien a quien admiro y quiero mucho como amigo, como socio, y él tenía muy claro en su cabeza hacia dónde quería llevar el barco. Creo que la sintonía de los cuatro y nuestra disposición para trabajar en función de una sola visión, haciéndolo de manera armoniosa, yo diría que fue la marca y la pauta para que todo cambiara. Todo tenía que ver con vulnerarnos y con estar abiertos todo el tiempo a cuestionarnos y no pensar que lo que teníamos ya era una cosa espectacular, sino que era parte de un trabajo constante. Todo el tiempo había como una retroalimentación entre nosotros y sigue existiendo porque seguimos cuestionándonos con cada nuevo paso que vamos dando.
Dan Ureña – Esto me hace ver cómo es gran parte de tu trabajo y de tu proceso creativo, en especial porque Siete veces adiós es uno de todos los proyectos que has tenido a lo largo de tu carrera. Aun así, ¿qué proyecto dirías que consolidó tu lenguaje como director?
Salvador Suárez – Diría que ninguno todavía. Yo creo que estoy en un camino en el que me voy definiendo y, justo, sigo explorando e investigando qué es lo que me interesa y desde qué lugar. Me encantaría que esa investigación nunca parara, así como ese descubrir de qué manera contar historias y desde dónde. Cada historia con la que me encuentro es un nuevo reto y me lleva a mundos que nunca imaginé, entonces creo que yo siempre parto de que me gusta mucho seguir estudiando, seguir investigando y me gusta seguir, de nuevo, cuestionándome. Tengo claridad al respecto de que hay cosas que sí me gustan mucho, como lo cotidiano o el día a día y todas estas posibilidades para encontrar la belleza en eso, pero también las historias de familia y los vínculos filiales son otra cosa en la que estoy muy interesado. Y también hay algo que en todas las historias que voy escribiendo reaparece, y es este elemento de la tercera edad y su contraste con las nuevas generaciones.

Dan Ureña -¿De dónde surge ese interés?
Salvador Suárez – Déjame pensar de dónde surgirá… Siempre me ha parecido que la gente vieja tiene mucho conocimiento, y en estos tiempos como que los hemos hecho a un lado. Antes estaba esta idea de que los viejos eran los sabios y ahora como que los viejos son los que ya no nos sirven. En lo personal, hay algo que me llama mucho la atención en todas las historias que guardan y en el conocimiento que acumulan a lo largo de su vida. Con Diego del Río trabajamos mucho en el texto de *Los Humanos*, en donde hablábamos de una mujer con una demencia senil importante, y los dos nos clavamos mucho en crear historias alrededor de esto. Paralelamente, yo estaba escribiendo una película que está en preproducción y tiene algo ahí muy interesante porque hay un juego entre la abuela, la mamá y la hija. Hay algo muy bonito en explorar los vínculos familiares a través de tres generaciones, pero también es duro atravesar sus cambios porque se entrecruzan con todo un universo de emociones diferentes.

Dan Ureña – Me llama mucho la atención también que analizas bastante las historias y en cómo construirlas, entonces mi siguiente pregunta sería: ¿Cómo consideras que es tu proceso de creación de los personajes, ya sea desde la dirección y desde la dramaturgia? ¿Cambia de una a otra disciplina?
Salvador Suárez – Sí, en la dramaturgia, establecemos toda una historia del personaje y un perfil que sea congruente. Yo me baso mucho en las personalidades del eneagrama, porque eso me ayuda a darles congruencia y ver qué decisiones sí tomarían y cuáles no, sobre todo para no ser efectista como escritor. Me ayuda a pensar mejor en cómo, por ejemplo, un tipo de persona no se enojaría de esta manera o de aquella y tendría que, más bien, responder de manera distinta. Yo trato de meter a mis personajes en personalidades que ya existen en el mundo, pero llevándolos por lugares donde el guionista promedio no esperaría que fueran.
En cuanto a la dirección, sí diría que es la parte que más disfruto porque trae consigo una mirada nueva, que es la de los actores y las actrices con propuestas para abordar a los personajes desde lugares distintos que yo ni me imaginaba. Ese intercambio se me hace muy bonito porque me permite ver cómo algo que era de papel, que de pronto era más mío o de los escritores, de pronto empieza a pertenecerle a más gente y se empieza a empapar de otras visiones y otros artistas que enriquecen al personaje. Otra cosa que me gusta es llegar a acuerdos con los actores y las actrices, donde platicamos sobre qué piensa el uno o el otro y leemos un par de escenas o las piezas completas y empezamos a compartir ideas o sugerencias con total apertura. A veces, incluso comienzo procesos de reescritura del guion junto con el elenco porque tienen maneras muy particulares de entender el material desde adentro. No es que todo mundo haga lo que quiera, sino que conversamos, investigamos y llegamos a acuerdos que beneficien nuestros proyectos.
Dan Ureña – Claro, yo también veo cómo cualquier proyecto tiene la capacidad para seguir siendo un constante proceso de construcción. Sin embargo, no habría que ignorar que sigue habiendo directores sumamente estrictos con el texto, cuyos procesos creativos no consideran la participación activa de los actores.
Salvador Suárez – Sí, sí te topas con esos, pero mi trabajo siento que es parte de un proceso colaborativo. Y aunque sigan existiendo estos textos creados sin considerar modificaciones de ningún tipo, también debes aprender cómo trabajarlos para saber dónde ser firme y dónde no, sin recurrir a un simple: “Así se hace porque yo lo digo”. O sea, sigues teniendo que explorar las razones de por qué el personaje va por aquí y o por qué el texto es como es hasta que lo entiendas y puedas discutirlo con seguridad. Porque si el actor o la actriz no lo entiende y no lo quiere ver desde ese lugar, pues, diría que algo está fallando en la comunicación director-actor-actriz. Justo, a pesar de las limitaciones de los textos inflexibles, tenemos que llegar a los mismos acuerdos entre lo escrito y lo que creas y aportas a cualquier producción para darle vida.

Dan Ureña -Me gustaría decir que, para mí, tus producciones son muy versátiles en tanto que pueden transitar entre el drama, la comedia y muchos diferentes géneros. Hablando de tu serie Enloqueciendo contigo, ¿cómo fue la experiencia de segmentar esta polivalencia de géneros?
Salvador Suárez – La verdad es que fue una experiencia muy hermosa y que recordaré siempre con mucho cariño. Tuve la fortuna de trabajar con mis actores y actrices favoritos en México, que son Regina Blandón, Memo Villegas, Tato Alexander, Alexis de Anda, Ricardo Polanco, Daniel García y muchísimos más.
Me siento afortunado de ser parte de un universo tan honesto, con un tono tan específico en la comedia y que logra conectar con la gente, además de ayudarle a que se sienta reflejada en las historias. Curiosamente, con *Enloqueciendo contigo* pasa algo que hace que la gente no solo se ría y ya, sino que se ría y, además, se vea reflejada en las situaciones que mostramos. Eso, para nosotros, es un regalazo: que una pareja vea la serie y ponga en redes “somos tú y yo”, o que nos escriban mensajes que demuestran cómo la gente no solo consume series y contenidos para pasar el rato, sino que también pueden quedarse con algo más y pueden involucrarse con los personajes.
Dan Ureña – ¿Tú crees que has logrado conectar de esta manera con el público en tus diferentes proyectos? Porque, bueno, teniendo una carrera donde transitas entre un lenguaje de campaña comercial, un lenguaje de teatro, un lenguaje de medios digitales más corto, como en Backdoor, o haciendo series más largas como Enloqueciendo contigo, ¿dirías que te has vuelto políglota al momento de hablarle a la gente?
Salvador Suárez – No sé, pero no creo. Al menos no sé si lo definiría desde ahí porque, más bien, me parece que tiene más relación con ser honestos con lo que estamos haciendo y con saber cómo conectarlo a algo que ya exista, sin importar el género que sea. Cuando logras ver en un personaje a alguien a quien tú te topas en la calle, que tienes sentado al lado de ti, que es tu familiar o es tu amigo, y los ubicas en espacios reconocibles con situaciones reconocibles, sea la situación que sea, creo ya estás encaminado bien tu trabajo. Solo así puedes abrirte paso entre todo este nuevo mundo de contenidos que hay por todos lados.

Dan Ureña – ¿Tú crees que te transformas entre plataforma y plataforma? Porque entiendo que tu constante es la honestidad, pero ¿dirías que desarrollas algún “acento” distinto entre, por ejemplo, una campaña comercial o un proyecto cinematográfico?
Salvador Suárez – Sí, opino que cada cosa tiene su flujo. Ahorita estoy dirigiendo un comercial del mundial, pero esa es una producción donde los procesos son completamente distintos a cualquier otro formato. Los tratos con clientes, por ejemplo, son otros a cuando estás hablando con un estudio que te pide una serie con ciertas características o a hacer una obra superpersonal con tus amigos o a crear una película. Es muy distinto trabajar en teatro, por ejemplo, porque tienes mucho tiempo para probar y cambiar los procesos, contrario a la televisión, donde no podemos correr una sola escena mil veces y quedarnos todo el día modificándola. Uno se tiene que adaptar al trabajo para el que lo contratan, entonces, más bien, debes tener una filosofía de “OK, así está la cosa. ¿Cómo muevo a mi favor el poco tiempo de trabajo y producción para que, en lugar de que me juegue en contra, juegue a mi favor?” En ocasiones, por decirte algo, decidimos utilizar las tomas más frescas porque, luego de hablarlo con los actores, esa cosa más fresca es algo que ninguna otra toma podría darnos. No diría que un ambiente es mejor que otro o que uno me gusta más que otro. En todas me divierto, en todas aprendo y todas tienen sus pros y contras.
Dan Ureña – En este punto de tu carrera, ¿consideras que hay algún proyecto que ha reconfigurado tu trayectoria?
Salvador Suárez – Sí, sin duda Siete veces adiós y Enloqueciendo contigo son dos proyectos que me cambiaron, porque Siete veces se convirtió en esta obra que, de pronto, es el musical original mexicano más exitoso de la historia, entonces, claro que me define. Justo ahorita vengo de una reunión de celebración con Vince, Jeanette y Alan, en la que hablábamos de cómo hemos cambiado y la seguridad que tenemos hoy en día, como también la oportunidad de ver a tantas parejas representando nuestros personajes. En este camino, además, encontré a cuatro amigos y socios increíbles que amo y con quienes logramos un proyecto que nos ha permitido encontrarnos con los mejores actores y actrices de México. Hemos tenido un cast que ni en mis sueños más guajiros me hubiera imaginado tener en esta obra. Y Enloqueciendo contigo, pues, es una serie en la que pude involucrarme más en todos los departamentos: había dirigido en otras cosas que agradezco y que la pasé muy bien y aprendí muchísimo, pero como que me dejaban entrar apenas como a pedacitos de las demás etapas de producción, ¿sabes? Y acá sí pude entrarle de lleno al proyecto y empapar a todos los departamentos de mi visión, de las manos de Maga García y Pipe Ibarra en la primera y segunda temporada. Esos son dos proyectos que se convirtieron en piedras angulares de mi trayectoria.

Dan Ureña – Ahora tienes un proyecto que está por lanzarse, un documental llamado ¿Cómo se cura un corazón?, ¿nos puedes dar algún adelanto?
Salvador Suárez – Es un documental de cómo se hizo Siete veces adiós, a la vez que explora lo que le sucede a un corazón cuando se rompe, y es visto desde la perspectiva de diferentes personas: una psicóloga, una neuróloga, un cantinero y muchas historias personales de gente que estaba pasando por un rompimiento. Es un viaje muy íntimo y muy único, con material que no se ha visto nunca más porque se grabó desde las entrañas, sin saber que iba a ser un documental y poco a poco fue agarrando forma.
Dan Ureña – Como pregunta final, ¿qué estándar te define hoy por hoy como creador?
Salvador Suárez – Me gusta trabajar siempre desde el lado humano y me gusta que eso se traduzca en la creación de espacios en los que todos nos sintamos cómodos y cómodas, donde cualquiera sea bienvenido. Me gusta pensar en que es posible crear una industria mucho más amable, con mucho más corazón, que está enfocada en el contenido, sí, pero que no olvida a toda la gente que permite que todo suceda y ofrezca justicia, dignidad, respeto y también que atraiga a más gente dispuesta a arriesgarse, que sea igual de apasionada por todo.
Hablar con Salvador Suárez es entender que, más allá de los formatos o los éxitos, su trabajo está sostenido por una idea constante: las historias no se imponen, se descubren. Ya sea en un escenario, en una serie o en un documental como ¿Cómo se cura un corazón roto?, su proceso parece moverse siempre en la misma dirección: observar, cuestionar y volver a construir. Quizá por eso Siete veces adiós no se siente como un punto de llegada, sino como una etapa dentro de una búsqueda más amplia. Una que sigue abierta, en movimiento, y que encuentra en cada historia una nueva forma de decir lo mismo: que lo humano, cuando es honesto, siempre conecta.