En vísperas del estreno de Un hijo propio, nos sentamos a platicar con Ana Celeste, una de las voces más versátiles y entregadas de la actuación en México. Entre la intensidad de un proceso de preparación titánico y las reflexiones sobre las presiones sociales y el mandato de la maternidad, la actriz nos abre las puertas a su visión del arte, la empatía y la urgencia de contar historias que cuestionen nuestras creencias más arraigadas.
Foto: iEve González | Styling: Manuel Delgado | Maquillaje: Evelyn García | Cabello: Salvatore OJ | Producción: Roger SH
Mariana Celis: la primera pregunta con la que siempre empezamos en Dixpa es: ¿quién es y a qué se dedica Ana Celeste? Aquí puedes ser lo más extensa que quieras o también lo más breve, como tú gustes.
Ana Celeste: Inés Ana Celeste… Yo creo que Ana Celeste es un… un ser humano viviendo esta experiencia como venga, literalmente. Creo que soy un alma muy libre. Disfruto mucho de la naturaleza. Soy un cúmulo de muchas cosas; soy una contradicción. Creo que no me defino de una forma en específico. Puedo hacer demasiadas cosas, puedo estar en demasiados lugares, puedo ser diferentes personas. O sea, soy demasiadas cosas. Y me dedico a ser actriz y a ser música. Esa es mi fuente de trabajo, básicamente.
Mariana Celis: Y creo que tu descripción queda muy bien con tu profesión: ser muchas cosas al mismo tiempo.
Ana Celeste: Exacto, tiene todo que ver. Sí, me dedico a eso, a escribir, al arte en general. Me la paso ahí; ahí vivo, básicamente.

Mariana Celis: Ahora me gustaría hablar un poco de Un hijo propio. Pude leer en tu Instagram que fue un proceso largo. ¿Nos podrías contar un poco de cómo llegó este personaje a ti y cómo fue la producción?
Ana Celeste: Pues yo estaba grabando otros proyectos. Estaba haciendo una peli, luego hice una serie, luego una novela… O sea, haciendo mi vida normal. Y en esos interines regresaba siempre a callbacks. Seguía grabando y de pronto me hablaban para la siguiente fase. Pasó un año de casting para ese protagónico; fue titánico, fue mortal.
Uno de los factores importantes era que tenía que subir de peso, porque al final era un requisito para interpretar al personaje. Entonces subí 10 kilos y me aislé aproximadamente 6 meses de todo el mundo para poder entrar en Alejandra: en el proceso de dolor que estaba viviendo, en los diferentes trastornos mentales que toca la película y en los temas de presión social sobre la maternidad. Para poderme embadurnar de todos esos dolores y ser ella, de alguna manera tenía que aislarme. La preproducción duró aproximadamente cuatro meses. Todo ese tiempo tuve para subir de peso y construir el personaje. Ensamblábamos o ensayábamos 12 horas al día con un coach, y teníamos a la directora también ahí. Fue de verdad una cosa titánica lograr este proyecto así como se logró.
En el proceso también hubo muchos cambios. Primero que si traía prostéticos, que si mejor subía más de peso o no. Yo me fui de boca y literalmente hice todo lo que estaba en mis manos para poder ser Ale, y quedé muy satisfecha. De verdad es un proyecto que me hizo crecer no solo como actriz, sino como persona.
Mariana Celis: La verdad es que me entusiasma mucho, sobre todo porque es un documental combinado con ficción. ¿Cómo ha sido trabajar con la directora Maite, que además es una persona nominada al Oscar y que tiene bastante experiencia en su rubro?
Ana Celeste: Fíjate que me ha pasado varias veces. Me pasó con Rodrigo Prieto también cuando me quedé en Pedro Páramo: yo no sabía que el director era Rodrigo, que había estado nominado al Oscar y que acababa de hacer Barbie. Cuando me enteré, los primeros pensamientos intrusivos eran: “no me va a elegir porque acaba de trabajar con Margot Robbie, ¿y yo qué?”. O sea, me autosaboteé muy cabrón.
Con Maite me pasó algo muy similar. Ya tenía un poco más de tablas por la experiencia previa, pero con Maite me enteré hasta que me quedé. Supe quién era la directora, pude asimilar que era ella y me emocionó muchísimo porque conozco su trabajo. Obviamente me volví a echar un clavado en el análisis de sus pelis, de su narrativa y de la forma que tiene de ver el mundo para poder compaginarlo con lo mío.
Ha sido increíble trabajar con ella. Creo que es una directora muy precisa. Puede no decirte muchas cosas, pero sabe qué es verdad y qué no. Sobre esa premisa trabajamos toda la peli y sobre esa premisa trabaja ella: “¿te creo o no te creo?”, “¿qué tan verosímil es esto que está pasando?”, “¿qué tanto podría estar pasando así en la vida real?”.
Creo que esto es un acto de mucha verdad, algo que no todos los directores tienen, porque a veces se encasillan en decirte la forma exacta en la que tienes que decir las cosas en lugar de permitirte habitar el personaje e ir descubriendo detalles que pasan por añadidura. Ella es el ejemplo perfecto de saber exactamente lo que quiere, tener un orden para llegar a esos lugares y, al mismo tiempo, darte libertad. Eso es lo que hace auténtica la historia y la película: la forma en la que se cuenta.
También tuvimos un equipo de mucho apoyo. Maite tenía muy claro que lo más importante era el acting y la historia. Si no se lograba el nivel de actuación necesario, todo quedaba incompleto porque no iba a ser verdadero; no me compras lo que te estoy enseñando. La realidad es que todo el panorama de esta película se armó para dar a los actores todas las herramientas posibles para trabajar. Eso se agradece mucho porque no pasa en todas las producciones: desde el tiempo para el rodaje, pasando por el coach —Marco Aguilar, que sin él no se hubiera logrado nada tampoco—, hasta las productoras como Sandra Godínez, Carla González Tate… Todos hicieron un equipo donde lo único que nosotros hacíamos era entrenar, entrenar y habitar los personajes.

Mariana Celis: Pasando a los temas que aborda este proyecto, ¿por qué crees que sigue siendo tan importante para la sociedad y el mundo en general que una mujer tenga hijos?
Ana Celeste: Creo que la premisa de todos los problemas en el mundo son las creencias. Nos casamos con una idea en cualquier ámbito: maternidad, religión o política. Todo aquello que conlleva presión social nos puede llevar al límite.
Esto viene de un sistema arraigado en el machismo, donde se piensa que las mujeres tienen que cumplir con cierto checklist. Aunque ha evolucionado y nos hemos dado cuenta de que no es así, lo que perpetúa la situación es seguir manteniendo una creencia con la que muchas ya ni siquiera simpatizamos.
En la entrevista del casting me preguntaban si mi sueño era tener hijos. Me gustaría, pero no es mi meta principal en la vida. Tengo muchas otras cosas que hacer. A veces se piensa que las mujeres están todos los días planeando cuándo van a ser madres, y no es así; esto no significa que no quieras tenerlos. Aún se cree que la mujer no se realiza si no tiene un hijo.
Por el contrario, veo a mujeres mayores —como una tía que no tiene hijos— y a veces, al compararla con los problemas de mi mamá o mis otras tías, siento que vive más tranquila, sin tantos conflictos. Las relaciones humanas generan roces; entre más relaciones tengas, más probabilidades de conflicto existen.
Siento que hay una división entre quienes creemos que la maternidad no lo define todo y quienes siguen pensando que es un requisito para ser mujer. Ser mujer no tiene nada que ver con ser madre o estar en la cocina; son actividades que aplican para ambos géneros. Los hombres también pueden soñar con ser papás y las responsabilidades se pueden dividir.
Aun así, la creencia se sigue perpetuando. Es difícil desarraigar una idea cuando creces con ella, sobre todo cuando beneficia a un solo género y resulta más cómodo ceder responsabilidades a otros que hacerse cargo de lo propio.

Mariana Celis: Claro, porque en la mayoría de los casos los hombres no reciben esta presión de: “¿cuándo vas a tener hijos?”, “¿ya pasas de los 30?”, “¿te va a dar tiempo?”.
Ana Celeste: No, porque los números hablan. Es una cuestión biológica: una mujer se puede embarazar una vez al año y un hombre podría procrear muchos hijos en ese mismo periodo. Pero a nivel de conciencia e igualdad podemos modificar esas dinámicas. Biológicamente las mujeres tenemos un límite para procrear. Veo a mis amigas cercanas a los 30 y muchas sienten que les quedan pocos años antes de tener que buscar al padre de sus hijos, pensando que si no lo hacen antes de los 36 o 38, ya no ocurrió. Quienes están en pareja temen que la relación termine para no tener que empezar de cero ese proceso. Es una carga demasiado pesada.
Mi postura es: si no lo he logrado en su momento, no pasa nada, no me voy a presionar. Las cosas pasan como tienen que pasar. Sin embargo, la presión ocurre porque somos parte del sistema, aunque depende del contexto de cada quien. No todos tenemos las mismas oportunidades; algunos hemos podido salir de ese molde y otros no. Es un tema muy extenso, pero ojalá en algún momento todos podamos ser libres y felices.
Mariana Celis: Ese es el objetivo después de todo.
Ana Celeste: Exacto.

Mariana Celis: Y para terminar, ¿algo con lo que te gustaría cerrar sobre este proyecto o sobre otros planes que tengas próximamente?
Ana Celeste: Tengo varias pelis por estrenar. Todavía no puedo dar detalles porque apenas se están definiendo las fechas, pero me emociona mucho. Este personaje me permitió explorar lugares oscuros como actriz, dolerme y hacer catarsis. Me vi reflejada en Ale de muchas maneras.
Mi preocupación más grande al inicio era cómo lograr ser mamá si yo no lo soy, cómo conectar con eso. Resultó mágico; pasaron cosas que nadie se imaginaba y salí de este rodaje siendo otra persona. Entré siendo una y salí con una experiencia inmensa, habiendo vivido muchas vidas.
También es increíble que se hagan proyectos de esta calidad en México y que nos demos la oportunidad de explorar de esa manera. Armando Espitia, mi coestelar, es un crack. Aprendí mucho de él; es uno de los mejores actores de México. Es una pieza clave tener a alguien a quien miras a los ojos y te transmite algo real con lo que puedes trabajar.
Fue un viaje tremendo. Cuando vi el tráiler me impresionó recordar todo lo que construí con Ale, la persona real en quien se basa la historia. Ella fue muy generosa al permitirme entrar en su ser y en sus emociones. Para mí era fundamental contar la historia con la mayor pasión y verdad posible para honrar su dolor, que no es sólo suyo, sino el de muchas mujeres.
Al terminar el rodaje me costaba creer cómo se puede soportar un dolor tan profundo, que no viene de afuera sino del simple hecho de ser tú y enfrentar esa presión social por no poder tener un hijo. Fue una experiencia fuerte que me hace desear que todos los proyectos tuvieran esta disciplina y este nivel de colaboración. En México se puede hacer y se hace muy buen cine.

Mariana Celis: Totalmente de acuerdo. En los últimos años el cine mexicano ha presentado propuestas muy buenas en historia, producción y propuesta visual.
Ana Celeste: Sí, las producciones son cada vez mejores. Hace poco vi unas series y me sorprendió la calidad de lo que se está haciendo aquí: nos estamos arriesgando con la ciencia ficción, con efectos especiales y con historias sobre una sociedad quebrada. Si estás en México y no hablas de estas cosas, ¿dónde estás?
Como ser humano que disfruta hacer arte y compartir, para mí es fundamental transmitir un mensaje: quebrarme, darme una quitada de calzón y decir: “esto es lo que hay, esto es lo que siento y esto es lo que sienten muchas más”. Hay que perder el miedo a dar opiniones por cuidar una marca o el qué dirán. Siempre lo comento en mi Instagram: si somos jóvenes, actores y tenemos un público, herramientas y una voz, tenemos la oportunidad de ser la voz de mucha gente. Por eso creo que las historias te eligen. Este proyecto me eligió desde ese lugar, tocó muchos de mis miedos como actriz y el resultado ahí está.
Un hijo propio ya está disponible en Netflix para confrontarnos, mover fibras y abrir la conversación sobre un tema tan complejo como necesario. No te pierdas esta entrañable y cruda historia, sostenida por una interpretación inolvidable de Ana Celeste que promete no dejar a nadie indiferente. ¡Dale play y agrégala a tu lista!