Guillermo Alonso, entre la herida y el personaje

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Daniel Ureña

En La Cazadora, Guillermo Alonso interpreta a Rosales, un investigador de homicidios en Ciudad Juárez, la ciudad donde creció. Dirigida por Suzanne Andrews Correa y protagonizada por Adriana Paz, la película marca un regreso a sus raíces dentro de una carrera desarrollada entre México y Estados Unidos. Con motivo de su presentación en el Festival Internacional de Cine de Morelia, el actor conversa con Dixpa Magazine sobre la construcción de un personaje atravesado por el poder y el orden, y el desafío de mirar desde otro lugar las historias de su ciudad.

DANIEL UREÑA

Antes de dedicarte a la actuación, tu camino apuntaba hacia la medicina. ¿Qué encontraste en el escenario que te hizo cambiar de rumbo?

GUILLERMO ALONSO

Tenía una beca para estudiar medicina. Empecé a actuar en la prepa porque mi novia y yo queríamos tomar una clase juntos. Yo propuse biología marina; ella, teatro. Y dije: “Bueno, lo que mi novia diga”. Me gustó, pero nunca lo vi como una carrera.

Ese último año falleció mi papá. Entre las solicitudes a universidades y las becas, no me di tiempo de procesarlo. Ya en la universidad tomé una clase de actuación y me dieron una escena de dos hermanos hablando de la pérdida de su padre. Se sentía tan real que me cerré.

El maestro me dijo: “Hay dos sopas: cambiamos la escena o la usas para entender esto un poquito mejor. Yo te acompaño”. Tengo un hermano menor y nunca habíamos hablado de lo que fue perder a nuestro papá. Procesarlo con un compañero de escena fue muy bonito.

Ahí entendí que actuar podía ayudarme a sanar y conocerme mejor. No es terapia —también recomiendo ir a terapia—, pero constantemente estás aprendiendo de ti.

Después de un semestre en Londres le dije a mi mamá: “Voy a ser actor, pero mi approach será el mismo: seguir estudiando y sacar una maestría”. Cumplí esa promesa. Siento la misma responsabilidad con mi trabajo que sentiría un médico con el suyo.

 

CORTESÍA PuRe&B

DANIEL UREÑA

Creciste entre Ciudad Juárez y El Paso, pero comenzaste tu carrera en Estados Unidos. ¿Qué te pasó al leer una historia situada en el lugar donde creciste?

GUILLERMO ALONSO

Cuando creces en la frontera siempre está el conflicto: no sabes si eres de acá o de allá. Para mí, la actuación era algo muy americano; solo había actuado en inglés. Cuando llegaron oportunidades en México pensé: “No sé si puedo actuar en español”. Era mi realidad, pero por el idioma se sentía un poquito alejada.

La Cazadora era una oportunidad de trabajar en mi casa. Viví mis primeros 15 años en Juárez; cuando la violencia se puso muy mal nos fuimos a El Paso.

Desde chiquito leía el periódico y sabía de las desaparecidas y los homicidios, pero eran cifras. No existía una conexión íntima. El guion me permitió revisitarlo desde una perspectiva más madura: ya había perdido gente y conocía personas cercanas que habían vivido esa violencia.

Fue parecido al proceso con lo de mi papá: reabrir esa herida, ahora sociocultural, para adentrarme en el personaje.

DANIEL UREÑA

¿Cómo llegó Rosales a tus manos y cómo encontraste tu versión del personaje?

GUILLERMO ALONSO

Hice casting para otro papel, aunque desde que leí el guion me gustó Rosales. Siempre he sido fan de los villanos, de los personajes complejos. Cuando me dijeron que querían verme para él pensé: “¿Es en serio?”. Yo me lo había imaginado de 50 años, panzón, bigotón, con canas. Tuve que preguntarme cómo hacerlo mío.

Me reuní con un exagente que había investigado homicidios de mujeres. Me habló de la presión de los medios, del gobierno y de las familias. Esa palabra se me quedó: presión. Como una olla que tiene que soltarla por algún lado.

También encontré algo que compartimos: la obsesión con el orden. Soy muy ordenado y las reglas me importan muchísimo. La ficción me permitió llevar eso al límite: ¿qué estaría dispuesto a hacer para mantenerlo? De ahí nació mi Rosales.

CORTESÍA PuRe&B

DANIEL UREÑA

¿Cómo trabajaste con Suzanne Andrews Correa las contradicciones de Rosales frente a la justicia?

GUILLERMO ALONSO

Desde el callback dijimos: “Nadie en esta película es malo. Todos quieren hacer el bien, pero sus modos son distintos”. Ahí supe que nos íbamos a entender.

A veces un director te dice: “Tú eres el malo”, y ya están abordando al personaje desde lugares diferentes. Con Suzanne estuvimos en la misma página.

Cuando llegué al set, ella ya llevaba unas dos semanas filmando. Vi lo que hacía Adriana y pensé: “Ella va a luchar por algo, yo por otra cosa; vamos a ver cómo chocamos”. Eso es lo bonito: dos planes bien ejecutados que se encuentran. Sin hablar demasiado, creamos un lenguaje muy bonito.

DANIEL UREÑA

¿Qué te exigió trabajar frente a Adriana Paz?

GUILLERMO ALONSO

Adriana siempre le rasca hasta encontrar el amor en la escena: una relación amenazada, algo que está en peligro. En esta película lucha por amor a sí misma y a su hija.

Yo tenía que encontrar algo que Rosales amara con esa misma fuerza: su ciudad, su carrera, la moral. Algo que pudiera poner frente a ella.

Adriana lo da todo, toma tras toma. Es como ir al gimnasio: sales agotado porque tú también tienes que darlo todo. Esa fue una lección muy bonita.

DANIEL UREÑA

¿Cómo aborda la película la violencia sin perder de vista la dignidad de quienes la viven?

GUILLERMO ALONSO

Lo que hace muy bien es meterte en la mente del personaje de Adriana. Muchas veces estas historias de mujeres las cuentan hombres. Aquí están Suzanne en la dirección, María Sarasvati en fotografía y Adriana como protagonista. Desde ahí hay otra perspectiva.

Sin spoilear mucho, acompañas a Luz durante unas horas en las que tiene que tomar una decisión. Ves lo que piensa, lo que siente, cómo sufre lo que ha pasado.

No estás observando “otra película de este tema”: estás viviendo la historia de una persona. Eso le da una dignidad que no siempre existe cuando lo que se busca es causar shock. La fotografía también es muy efectiva: sientes que estás ahí.

DANIEL UREÑA

En El desaire interpretas a Juan, un novio posesivo. ¿Cómo cambió tu preparación al pasar de un investigador a un personaje que ejerce violencia dentro de su relación?

GUILLERMO ALONSO

Juan me exigió explorar mucho más mis inseguridades. Para mí, su violencia nace de algo que no ha procesado: “Voy a perder a mi mujer”, “gana más que yo”, “es más social que yo”.

Tuve que rascar ahí, compararme con otros actores: “Este güey es más guapo, trabaja más, le va mejor”. Encontrar ese impulso de querer violentar a quien te hace sentir inseguro para dejar de sentir dolor.

Rosales era más estratégico. Luz es una pieza que necesita acomodar dentro de ese rompecabezas que para él es Juárez. Era un juego de ajedrez.

Juan vino del cuerpo. Shakespeare llama a los celos el monstruo de los ojos verdes. Para mí era como crear un Hulk que quiere salir y al que estás intentando contener. Uno nació de la cabeza; el otro, de esa sensación de “quítenme esto de encima”.

CORTESÍA PuRe&B

DANIEL UREÑA

¿Qué aprendiste de ti después de estos dos proyectos?

GUILLERMO ALONSO

Primero, que puedo trabajar en México. Me había impuesto una limitación y de verdad creía que no podía.

También descubrí lo bonito que es trabajar aquí. En las series grandes de Estados Unidos hay una cultura muy corporativa, muchas reglas y jerarquías. Aquí siento algo más íntimo y colaborativo, como hacer teatro.

Y aprendí a no aferrarme a un sistema. Con tantas audiciones por tapes, uno se aísla y se obsesiona con encontrar su manera de trabajar. Estos proyectos me recordaron que cada personaje pide algo distinto: Juan vino del cuerpo; Rosales, de la cabeza. Otro puede nacer de ir a un museo y ver una obra de arte.

DANIEL UREÑA

Después de Sundance, La Cazadora llega al Festival de Cine de Morelia. ¿Qué significa compartirla con el público mexicano?

GUILLERMO ALONSO

En Sundance lloré. No tanto por verme en la pantalla, sino por ver a Juárez ahí. Se me puso la piel chinita.

De Juárez siempre se habla de violencia, narcotráfico y mujeres desaparecidas, pero casi nunca de su perseverancia. La gente sigue trabajando, juntándose a hacer carnes asadas, abriendo negocios. Sigue, no se deja caer.

La película retoma eso, especialmente en las mujeres. Incluso dentro de México existe la idea de que Juárez es un lugar feo donde pasan cosas horribles. Pero tiene gente, comida y cultura muy bonitas. Me muero de ganas de que la vean y empiecen a mirar la ciudad de otra manera.