Fotos: Cortesía
Hablar con Iván Pasillas es conversar con alguien que ha convertido el teatro en una forma de entender el mundo. A través de su trabajo como crítico, creador de contenido —bajo el nombre de Ivy Moon— y ahora como productor, ha construido una comunidad que encuentra en las artes escénicas un espacio para descubrir nuevas historias y miradas.
Hoy da un paso más en ese camino con Nuestra Isla, la primera producción en español del musical escocés Islander, una propuesta íntima e innovadora que, con apenas dos intérpretes en escena, invita al público a reflexionar sobre la pertenencia, la identidad y el significado de encontrar un hogar.
En entrevista con Dixpa Magazine, Iván nos habla de aquello que el teatro sigue enseñándole, del reto de llevar esta singular producción a los escenarios mexicanos y de por qué, más allá de cualquier espectáculo, las mejores historias siguen siendo las que logran transformarnos.
Dan Ureña – A lo largo de tu trayectoria has sido espectador, crítico, creador de contenido y ahora productor teatral. ¿Qué es lo que el teatro te sigue enseñando hoy que no te había enseñado cuando comenzaste a hablar de él?
Iván Pasillas – El teatro nunca ha dejado de enseñarme cosas. Gracias al teatro me entero de una vida entera, de historias y realidades que antes ni siquiera tenía en el mapa. Es un medio que se dedica a contar las historias de cualquier lugar y de cualquier persona.
Puedo decir que gran parte de mi conocimiento del mundo está profundamente influenciado por cosas que aprendí en el teatro y que después despertaron mi curiosidad para investigar más. Al final, creo que el teatro me ha enseñado el mundo.

Dan Ureña – Después de tantos años viendo teatro y de tantas historias compartidas sobre el escenario, ¿qué consideras que tiene que ocurrir para que una obra todavía consiga sorprender y conmover al público?
Iván Pasillas – No tiene que ocurrir mucho. Creo que sorprender y conmover no tiene nada que ver con un gran efecto escénico, ni con la cantidad de recursos, ni con el tamaño de la producción.
La capacidad del teatro para movernos y maravillarnos tiene que ver con su dramaturgia, con sus actuaciones y con su sensibilidad. Lo que una obra necesita es una buena historia que contar y una voz honesta desde la cual contarla, una voz con la que podamos conectar.
Al final, el verdadero trabajo del teatro es movernos desde el interior. Y para eso no hacen falta enormes recursos; hace falta muchísimo talento.
Dan Ureña – Hablando justamente de conmovernos, entremos en materia. Nuestra Isla es una historia sobre pertenecer, partir y encontrar un hogar. ¿Qué fue lo primero que te enamoró de este musical y por qué sentiste que era el proyecto que querías producir?
Iván Pasillas – Me enamoré de este musical cuando lo vi en Nueva York. Lo primero que sentí fue que era completamente distinto a todo lo que había visto antes.
Recuerdo llegar a este pequeño teatro Off-Broadway y encontrar un escenario completamente vacío. No había un solo elemento de escenografía; era como entrar a un salón de clases. En el centro había una consola, dos micrófonos y muchos cables. Yo buscaba a los músicos.
Entonces salen ellas y empiezan a hacer absolutamente toda la música con sus voces. Yo seguía volteando la cabeza porque escuchaba muchísimas cosas que no veía. Lo que no había entendido en ese momento era que sí las estaba viendo: esa consola que utilizan es una maravilla y, al mismo tiempo, una herramienta sumamente compleja de dominar. Con ella iban creando todo lo que estaba escuchando. Ellas eran su propia orquesta.
La segunda cosa que me fascinó fue lo diferente que era desde lo narrativo. Habla de un folclore que para mí era completamente desconocido porque sucede en Escocia. Incluso, cuando entrabas al teatro, te entregaban un glosario —que nosotros también estamos haciendo— para entender palabras que ni siquiera para muchos angloparlantes resultaban familiares.
Me encantó encontrarme con una mística que para mí era totalmente extranjera.
Y también me llamó mucho la atención descubrir que el teatro musical puede existir desde otro lugar, mucho más íntimo. Normalmente, cuando pensamos en un musical imaginamos grandes producciones, enormes escenarios y elencos numerosos. Nuestra Isla demuestra que también se puede construir un universo inmenso desde un formato mucho más reducido.


Dan Ureña – Cuando pensamos en teatro musical solemos imaginar grandes producciones y puestas monumentales. Nuestra Isla, en cambio, construye un universo entero con únicamente dos intérpretes en escena. ¿Cuál ha sido el mayor reto de traer una producción como ésta a México?
Iván Pasillas – Sin duda, todo lo relacionado con la consola, o como nosotros le decimos de cariño, “La Lupe”.
Cuando vi la obra no tenía idea de todo lo que implicaba técnicamente. Empecé a sospechar que sería complicado cuando compramos los derechos y contacté a los creadores escoceses. Finn Anderson, quien desarrolló toda la música y este concepto de trabajar con una loop station, nos envió una especie de mapa que funciona entre partitura y plano técnico. Eso requiere prácticamente un tutorial.
Cuando compramos nuestra propia consola, la abrimos mi diseñadora de audio, mi productor ejecutivo y yo… y ni siquiera sabíamos cómo conectarla a una bocina.
Poco a poco entendimos que hacer este musical significaba pedirles a las actrices que aprendieran un instrumento completamente nuevo. Es muy parecido a aprender batería o guitarra: todo funciona a partir del ritmo. Si pierdes el beat, toda la música se desfasa.
Eso nos pasó muchísimas veces durante los ensayos.
Comenzamos a trabajar con “La Lupe” desde febrero y no fue sino hasta mayo que pudimos empezar los ensayos con trazo y construcción de personajes. Todos esos meses estuvieron dedicados únicamente a desarrollar la memoria muscular de las actrices. Queríamos que, cuando llegara el momento de actuar, ya no tuvieran que pensar en la consola, sino únicamente en contar la historia.
Fue entonces cuando entendimos cuál era el verdadero reto de esta producción.
Y algo que me dio muchísima risa fue que, tiempo después, una actriz del elenco original en Escocia nos mandó un video deseándonos “mucha mierda” para la temporada. En un momento nos dijo: “La Lupe será su mejor amiga”.
Pensé: claro… todos los que hemos pasado por este musical terminamos hablando primero de “La Lupe”.
Es un reto enorme, pero también es el corazón de la obra. Es lo que le da identidad y personalidad a toda la experiencia.
Ahí sí yo no puedo llevarme ningún crédito. Todo el mérito es de nuestra diseñadora de audio, Dulce María, quien logró programar toda la consola, y de nuestra directora musical y las actrices, que hicieron un trabajo impresionante para dominarla.

Dan Ureña – Más allá de la puesta en escena, Nuestra Isla habla sobre temas profundamente humanos como el cambio, la identidad y los vínculos que construimos con los lugares que habitamos. ¿Qué conversación te gustaría que el público se llevara al salir del teatro?
Iván Pasillas – Creo que cada persona va a salir con una conversación distinta porque la obra aborda muchos temas.
A mí me pega directamente en el sentido de pertenencia. Me habla de la tierra donde nacimos y de la tierra que seguimos cargando con nosotros, sin importar a dónde vayamos.
Pero también puede conectar con personas muy interesadas en el medio ambiente, porque habla del cuidado de los mares y de lo que está ocurriendo con las ballenas.
También habla de la amistad entre mujeres, de las distintas generaciones y, para mí, termina hablando del perdón. De cómo, conforme vamos creciendo, entendemos que el perdón también es una forma de sabiduría.

Dan Ureña – Gran parte de tu trabajo ha consistido en acercar el teatro al público a través de tus distintas plataformas. Ahora, desde el lugar de productor, ¿por qué dirías que Nuestra Isla es una obra que vale la pena vivir?
Iván Pasillas – Porque creo que mucha gente nunca ha visto algo parecido. Y eso habla de las enormes posibilidades que tiene el teatro. A mí me encanta salir de una función diciendo: “No puedo creer lo que acabo de ver”.
Eso es justamente lo que hace Nuestra Isla. Te deja esa sensación de haber descubierto algo nuevo.
Más allá de contar una historia hermosa, vas a ver a dos actrices verdaderamente impresionantes, interpretando múltiples personajes y creando un universo entero frente a tus ojos. Ya de por sí eso resulta mágico.
Y, además, verlas convivir con “La Lupe” es algo completamente novedoso. Todo eso, sumado a una historia profundamente conmovedora, hace que sea una experiencia que vale muchísimo la pena vivir.

En una época en la que todo parece suceder a la velocidad de una pantalla, Nuestra Isla apuesta por lo contrario: detenerse, escuchar y dejar que una historia haga eco mucho después de que cae el telón.
Quizá esa sea también la mayor enseñanza que Iván Pasillas ha encontrado en el teatro después de tantos años recorriendo escenarios desde distintos lugares: que las obras no se miden por el tamaño de su producción, sino por su capacidad de conmovernos. Y, si algo deja claro esta conversación, es que todavía existen historias capaces de sorprendernos, emocionarnos y recordarnos por qué seguimos regresando a una sala de teatro.