El esposo de Daniel: Pablo Perroni y Axel Santos sobre el escenario y la vida en pareja

A partir de una historia aparentemente sencilla sobre una pareja que atraviesa uno de los mejores momentos de su vida, El esposo de Daniel abre conversaciones necesarias sobre el amor, el compromiso, la vulnerabilidad y las decisiones que solemos postergar porque creemos que siempre habrá tiempo. Para Pablo Perroni y Axel Santos, protagonistas del montaje, estas preguntas resuenan de manera particular: además de compartir escenario, comparten la vida fuera de él. En conversación con Dixpa Magazine, hablamos sobre teatro, relaciones y el poder de las historias que nos obligan a mirar aquello que normalmente preferimos dejar para después.

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Daniel Ureña: La obra habla de las relaciones estables hasta que algo las confronta. ¿Qué fue lo primero que los atrapó del texto?

Pablo Perroni: Muchas de las obras que he hecho —me atrevo a decir que casi todas— tienen un giro de tuerca inesperado que te confronta y te hace cuestionarlo todo. Salir del teatro con más preguntas que respuestas es, en mi opinión, una de las funciones y objetivos principales de este arte. A mí no me gusta aleccionar ni dar moralejas; prefiero presentar una realidad cotidiana, una en la que cualquier persona podría encontrarse, porque no es algo ajeno a nosotros. Justamente por eso, no es una obra que cuestione en sí la homosexualidad o a las parejas del mismo sexo. Esta pareja vive feliz, acoplada y en un gran momento, pero hay un detonante, algo que sucede y los obliga a cambiar sus objetivos y a defenderlos hasta las últimas consecuencias.

Axel Santos: También es importante señalar que la lucha de la comunidad continúa en muchos sentidos. Ahora que tenemos la posibilidad de casarnos, parece que al estar tan al alcance le restamos valor a todo lo que costó conseguirlo. La obra es una oportunidad para retomar y recordar por lo que hemos luchado tanto tiempo; creo que eso fue algo que nos encantó del texto.

Daniel Ureña: Me parece muy interesante cómo la obra ha tocado a la audiencia en tan poco tiempo. Pero específicamente en su caso, cuando la leyeron por primera vez, ¿hubo alguna escena que los conmoviera de manera directa?

Pablo Perroni: Todas. El proceso de ensayo fue muy duro. Ahorita ya podemos interpretarla quebrándonos donde nos tenemos que quebrar, pero había ensayos de los que salíamos destrozados, muy conmovidos y afectados, porque toca temas profundos de una manera muy real. Lo interesante aquí es que, como se dice en la obra, no hay villanos. No hay alguien que actúe en contra del otro para obtener un beneficio personal; simplemente cada personaje hace lo que cree correcto según sus propias circunstancias.

Axel Santos: Si el público sale cuestionándose cosas o debatiendo sobre la obra, imagínate nosotros. Después de cada ensayo analizábamos cada escena. Yo estoy de acuerdo con mi personaje, pero también entiendo el punto del otro. Son cinco personajes perfectamente bien escritos, y esa solidez del texto fue lo que nos convenció desde el principio. Tiene pistas desde la primera escena; no deja de sorprendernos una dramaturgia tan bien estructurada y con una dirección tan bien ejecutada como la de Sebastián.

Daniel Ureña: Es un texto con diez años de existencia, escrito por un autor estadounidense. Tú, Pablo, adaptas la versión a México. ¿Qué querías conservar de la versión original y qué sentías que era necesario aterrizar al contexto de este país?

Pablo Perroni: Creo que es muy oportuno hablar de estos temas, especialmente en este mes donde a veces se nos olvida la verdadera razón por la que salimos a marchar y lo importante que es tener representación. Realmente no hubo necesidad de adaptarla demasiado porque ya es una historia muy universal. Eso es algo que busco siempre en las obras: que le hablen a todo tipo de público y que se puedan contar fácilmente en México para que la audiencia conecte de inmediato. Esto sucede aquí, y creo que es la principal razón por la que la gente se nos acerca al final o nos escribe. Es un tema muy del presente; cualquiera podría estar en esa situación y, desgraciadamente, ocurre, aunque podría evitarse. Esa es la realidad de mi personaje: se da cuenta de que pudo haber tomado las riendas del asunto y evitar lo que sucedió.

Daniel Ureña: Axel, has mencionado que interpretar a Daniel ha implicado un reto importante para ti. ¿Qué es lo más complejo a nivel emocional que te genera este personaje?

Axel Santos: Creo que hay retos físicos importantes, pero además es una historia que habla de dos personas que se aman mucho. Interpretarlos amándonos como nos amamos Pablo y yo hace imposible no proyectarte en esa situación. Cuando trabajas con tu pareja, con la persona con la que convives todos los días, imaginarte en escenarios tan delicados es muy doloroso. Hemos tenido que encontrar la forma de seguir la dirección sin permitir que nos afecte de más, por mucho que terminemos involucrando nuestras emociones. Ha sido un desafío enorme, pero la verdad es que nos complementamos bastante bien en escena. Es muy bonito poder trabajar un texto tan fuerte y tan apegado a la realidad con la persona con la que compartes tu vida real.

Daniel Ureña: Algo muy interesante de este texto es que habla de decisiones emocionales y de derechos con un peso muy preciso. ¿Creen que todavía nos cuesta trabajo, a nivel social, hablar del compromiso emocional y legal?

Pablo Perroni: Totalmente, en todos los sentidos. El testamento, por ejemplo, es algo en lo que nadie quiere pensar porque todo el tiempo queremos vivir y disfrutar. Te preguntas: «¿Por qué voy a pensar en quién se va, en lo que voy a dejar o en quién se hará cargo de las deudas?». Pero hay que hacerlo porque no tenemos la vida comprada; en cualquier momento ocurre algo y el problema que se queda es grande, al grado de destruir familias y relaciones. Creo que esa es una de las razones por las que la gente teme tanto al compromiso y a la vida en pareja, sobre todo si ya llevas mucho tiempo solo.

Es mi caso, tal cual. Yo llevaba bastante tiempo solo y me había hecho a la idea de que estaba muy bien así. No es que me hubiera rendido; de verdad estaba feliz, satisfecho, iba a terapia, me caía bien a mí mismo y tenía a mis amigos. Estaba perfecto. Pero cuando llega alguien que hace que tu vida sea aún mejor, que te complementa de tantas maneras y con quien disfrutas tanto… sí, yo le deseo a todo el mundo que se enamore. Es como vivir de vacaciones, siempre y cuando haya comunicación y se trabaje en ello, porque requiere esfuerzo adaptarse y encontrar un punto medio. Si hay amor, respeto y admiración, se puede. Es un trabajo en equipo.

Axel Santos: Creo que también estamos en una época donde, socialmente, el compromiso ya no es la prioridad, tanto en lo que se da como en lo que se recibe. Ahorita está muy de moda hablar de amor propio —lo cual es excelente—, pero a veces eso nos aleja de la posibilidad de vincularnos, de relacionarnos y de abrirnos a convivir con alguien más a largo plazo. Nos cerramos a pensar únicamente en nosotros. Ese miedo al compromiso o la distancia que hemos tomado nos lleva a evitar los vínculos sanos compartidos; preferimos decir: «Que mi vínculo sano sea conmigo mismo y listo».

Daniel Ureña: Sostener una relación y construir un compromiso de vida en pareja ya representa un reto en sí mismo. Pero cuando se trata de una profesión tan demandante y particular como la suya, el desafío parece aún mayor. ¿Qué tan importante ha sido contar con alguien que no solo los acompañe, sino que también entienda de primera mano las exigencias, los ritmos y las realidades de la actuación?

Axel Santos: Importantísimo. Mucha gente no entiende todo lo que necesitamos comprometer para esta carrera, que es muchísimo: tiempo, disposición y apertura emocional en todos los sentidos. Imagínate lo que es convivir con alguien que lleva toda su vida haciendo esto; es increíble. Aprendemos el uno del otro todos los días.

Pablo Perroni: Es apoyarnos. Ha sido muy padre porque desde el principio de nuestra relación hemos estado ahí para el otro, y genuinamente porque lo disfrutamos. Yo amo ver a Axel en el escenario; disfruto su trabajo como nada. Nos da la confianza de platicar y entendernos. Con esta obra es la primera vez que actuamos y producimos juntos. Ya sabíamos que trabajaríamos bien, pero esto confirmó que somos una gran mancuerna tanto dentro de la ficción como fuera de ella.

Daniel Ureña: ¿Qué han descubierto el uno del otro como actores?

Axel Santos: Un perfeccionismo bruto por ambas partes. Una necesidad compartida de que las cosas salgan bien, estén a tiempo, se hagan de manera formal y con una seriedad que muchas veces cuesta trabajo encontrar en otros lados. A la gente hoy en día le cuesta comprometerse, así que encontrarnos siendo tan responsables y disciplinados ha sido una sorpresa hermosa.

Pablo Perroni: En el teatro ocurre mucho la repetición y a veces se cae en el automatismo. Yo jamás he visto a Axel cerca de eso; estamos realmente presentes al cien por ciento. Técnicamente, lo que me ha encantado descubrir es su mirada. Es la misma que conozco, pero desde otro lugar: desde el personaje. Eso ha sido fascinante; me ha ayudado a construir la relación en escena y a que exista una verdad absoluta.

Daniel Ureña: No solo tienen El esposo de Daniel, sino que también regresa Fucking Men, una obra que explora vínculos más fugaces, de deseo explícito y conexión inmediata. ¿Qué conversación creen que existe entre ambas obras?

Pablo Perroni: En Fucking Men hay un matrimonio, el de Jorge y Leo. Desafortunadamente, a pesar de que parecería que tienen una vida feliz o cómoda, hay demasiadas sombras, silencios e insatisfacción por ambas partes. Siento que, en ese sentido, El esposo de Daniel podría aconsejarlos un poco. Fucking Men habla sobre sentimientos, relaciones y cómo nos vinculamos de manera distinta entre hombres, pero al fin y al cabo la esencia es la misma que en las parejas heterosexuales. Es padrísimo hacer estas dos obras seguidas, como una especie de combo; son muy diferentes en su estructura, temática y narrativa, pero al mismo tiempo son sumamente humanas, reales y confrontativas.

Daniel Ureña: ¿Qué tiene el teatro que aún logra confrontar emocionalmente al público de una manera que otros formatos no consiguen?

Axel Santos: Lo tiene todo. Es estar aquí y ahora, completamente presente. El teatro es un reflejo de la vida misma y de la realidad. Creo que hoy, entre redes sociales, inteligencia artificial y pantallas, la sociedad busca alejarse de esa realidad. Por eso se necesita el teatro más que nunca; la gente está ávida de presencialidad y de verse reflejada.

Pablo Perroni: Es un arte que sucede en tiempo real. Existe una convención donde el público acepta que lo que ve está ocurriendo por primera vez; es un acuerdo no verbal con el actor que se convierte en una especie de ritual. Lo que sucede cada noche es único e irrepetible, aunque sea la misma obra. Esa es la razón por la que el teatro sigue existiendo: te hace sentir vivo, te refleja, genera debate y te confronta con temas que muchas veces preferimos evitar.

Daniel Ureña: A manera de reflexión final, ¿qué cuestionamientos les gustaría que se llevara el público al salir de ver El esposo de Daniel?

Pablo Perroni: Primero, qué es lo que queremos para nuestro presente y nuestro futuro, qué estamos buscando y cómo encontrarlo. Si decidimos estar juntos, que estemos en el mismo renglón, en la misma página. Aunque seamos diferentes y existan desacuerdos, se trata de encontrar esos puntos medios para trabajarlos y no dar nada por hecho. Decirle a las personas que las amas, no esperarte ni un segundo; ese tipo de molestias o diferencias pasan a segundo término cuando las cosas se ponen serias o estás en una situación límite. Hay cosas importantes que simplemente se tienen que hacer.

Axel Santos: Y abrir la conversación siempre. De pronto nos contamos muchas mentiras a nosotros mismos, y esta obra es un espejo importante para abrirnos a la honestidad, sentarnos y tomarnos el tiempo de escuchar las razones del otro y entender por qué quiere lo que quiere en la vida. Creo que eso es lo que buscamos: ser completamente honestos.

A lo largo de la conversación, Pablo Perroni y Axel Santos vuelven una y otra vez a una misma idea: ninguna relación se construye sola. Más allá de cualquier etiqueta, El esposo de Daniel habla de amor, compromiso y de todo aquello que solemos dar por hecho hasta que la realidad nos obliga a mirarlo de frente. Quizá por eso la obra conecta de forma tan profunda con el público. Y quizá también por eso escuchar a Pablo y Axel reflexionar sobre la experiencia compartida de construir una vida juntos. Ahí, justamente, es donde teatro y realidad se encuentran.